viernes, 28 de enero de 2011

SAULO, SAULO, ¿POR QUE ME PERSIGUES?

LA CONVERSION DE SAN PABLO APOSTOL.
Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues?
Por Virgilio Rodríguez Castro.
Enero 25 del 2010.

En aquellos días, Saulo, amenazando todavía de muerte a los discípulos del Señor, fue a ver al sumo sacerdote y le pidió, para las sinagogas de Damasco, cartas que lo autorizaran para traer presos a Jerusalén a todos aquellos hombres y mujeres que seguían la nueva doctrina. 
Pero sucedió que cuando se aproximaba a Damasco, una luz del cielo lo envolvió de repente con su resplandor. Cayó por tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo. Saulo, ¿Por qué me persigues?” Preguntó él: “¿Quién eres señor?” la respuesta fue: “Yo soy Jesús, a quien tu persigues. Levántate. Entra en la ciudad y allí se te dirá lo que tienes que hacer”
Los hombres que lo acompañaban en el viaje se habían detenido, mudos de asombro, pues oyeron la voz, pero no vieron a nadie: Saulo se levanto del suelo, y aunque tenía abiertos los ojos, no podía ver. Lo llevaron de la mano hasta Damasco y allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo que se llamaba Ananías, a quien se le apareció el Señor y le dijo: “Ananías”. El respondió: “Aquí estoy, Señor”. El señor le dijo: “Ve a la calle principal y busca en casa de Judas a un hombre de Tarso, llamado Saulo, que esta orando”. Saulo tuvo también la visión de un hombre llamado Ananías, que entraba y le ponía las manos para que recobrara la vista.
Ananías contesto: “Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus fieles en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para poner presos a todos lo que invocan tu nombre”. Pero el Señor le dijo: “No importa. Tú ve allá, porque Yo lo he escogido como instrumento para que me dé a conocer a las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel. Yo le mostrare cuanto tendrá que padecer por mi causa”.
Ananías fue allá, entro en la casa, le impuso las manos a Saulo y le dijo: “Saulo, hermano, del Señor Jesús, que se te apareció en el camino, me envía para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo”. Al instante, algo como escamas se le desprendió de los ojos y recobro la vista. Se levanto y lo bautizaron. Luego comió y recupero las fuerzas. Se quedo unos días con los discípulos en Damasco y se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús era el Hijo de Dios.
Todos los que lo oían quedaban sorprendidos y decían: “¿No es este hombre el que andaba persiguiendo en Jerusalén a los que invocan el nombre de Jesús y que ha venido a aquí para llevarlos presos y entregarlos a los sumos sacerdotes?” Pero Saulo, cada vez más con vigor, refutaba a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles  que Jesús era el Mesías.

No hay comentarios:

Publicar un comentario